Daniela partió rumbo a Las Chilcas con su grupo de amigos. La emoción por escalar fue tan grande que al llegar se dio cuenta de que había olvidado su mochila con todo el equipo… menos un termo de café. Tras las risas y bromas, un grupo de escaladores vecinos le prestó lo necesario para subir una ruta corta. Al final, la anécdota se convirtió en una amistad duradera: hoy sigue escalando con quienes ese día le salvaron la jornada.
Daniela partió rumbo a Las Chilcas con su grupo de amigos. La emoción por escalar fue tan grande que al llegar se dio cuenta de que había olvidado su mochila con todo el equipo… menos un termo de café. Tras las risas y bromas, un grupo de escaladores vecinos le prestó lo necesario para subir una ruta corta. Al final, la anécdota se convirtió en una amistad duradera: hoy sigue escalando con quienes ese día le salvaron la jornada.